La Banda Oriental entre los siglos XVI y XVIII.

LA FORMACIÓN COLONIAL

El proceso colonial de la Banda Oriental puede dividirse en 2 períodos perfectamente definidos. El primero comprende desde el descubrimiento de estas tierras por Solís (1516) hasta la Fundación de Montevideo (1726); el segundo comprende desde la Fundación de Montevideo hasta el alzamiento de 1811.


El primer período que puede llamarse “Reducciones” se caracteriza por:

a. La lucha constante con los indígenas por la apropiación del territorio.

b. Aparición de la ganadería que transforma las condiciones económicas del territorio.

c. La introducción de los primeros elementos sociales españoles, portugueses, quichúes- guaraníes, que han de construir los caracteres de la población.



El segundo período que puede llamarse “Período de la Gobernación” se caracteriza por:

a. La organización política y civil del territorio, según las normas de la civilización hispana.

b. La formación criolla, producto de la fusión étnica y de las influencias territoriales.


.Una Colonia débil por Tardía

Cuando los conquistadores españoles llegaron al Río de la Plata en el siglo XVI, hallaron en su margen izquierda comarcas onduladas y fértiles, de clima templado, regadas por numerosos ríos y arroyos, con espesos montes en sus orillas, pobladas por tribus indígenas en estado salvaje.

Sus riquezas naturales eran exiguas frente al fabuloso mito de “El Dorado” que atraía la ambición de los conquistadores. Por lo que estas tierras eran consideradas por los españoles como tierras sin ningún provecho. Lo que atraía a las expediciones era el oro y la plata del Perú. Al entrar en el Río de la Plata, al internarse en el Uruguay y el Paraná, los exploradores buscaban un nuevo camino hacia el alto Perú.

Es así que fundaron Asunción para franquearse el camino al Perú, después Santa Fe, para asegurar las comunicaciones con aquel lejano establecimiento y más tarde repoblaron a Buenos Aires para atender la conservación de los dos.

Los fortines primitivos de San Salvador y de San Juan, en la costa del Río Uruguay, no son más que punto de escala para los buques que han de remontar el Paraná en busca de regiones de oro y plata. Por otra parte, las condiciones vitales de esta comarca son las menos propicias para la instalación de poblaciones: carece de productos naturales de calidad y cantidad suficiente para el sustento fácil de colonos. Los colonos no tienen mas sustento seguro que el cultivo de pequeños predios encerrados en las defensas de palo a pique, en lucha con los ataques indígenas.

La introducción de la ganadería
Esto fue lo que comprendió el gobernador de Asunción Hernando Arias de Saavedra, disponiendo que se lanzasen a este suelo, rico en forrajes, ganados europeos, a fin de que procreando, llegaran a ofrecer medios fáciles de sustento y de industria. Por este motivo Hernandarias, aparece en la historia de nuestro génesis colonial como una figura de singular relieve e importancia. Él es el primero que deja de mirar estas tierras como un simple camino para llegar al oro, considerándolas bajo el propósito de que valgan y sirvan por si mismas, fomentando su población y vinculando a los pobladores. A los pocos años de ser introducidas en nuestras costas las manadas de equinos y vacunos, los ganados multiplicándose, trotan de un lado a otro del territorio.

Esta riqueza pecuaria determina muchos de los caracteres que ha de asumir la sociedad hispano-criolla del Uruguay.

La ganadería va a producir la estancia, el gaucho, la montonera, el caudillo. Otros factores han de intervenir, desde luego, en la producción de tales fenómenos; pero el primero, el básico, es la ganadería, puesto que ella es el elemento vital que el territorio ofrece a la población determinando así el género de vida. Al cubrirse de ganados cimarrones el suelo de esta región deshabitada, el ganado se torna en una condición natural, geográfica, a la cual han de adaptarse los colonizadores. Sin el ganado, la colonización de la Banda Oriental se vería reducida por largo tiempo a un área exigua, próxima a los puntos de embarque, debiendo vivir del cultivo agrícola, por no ofrecer el territorio nada de sí.

Toda colonización requiere para su desarrollo una fuente de riqueza natural que no solo garantice la vida, sino que ofrezca perspectivas de explotación comercial. La Banda Oriental carece de esa fuente de recursos vitales económicos en el momento de la conquista. La multiplicación del ganado es lo que viene a convertirse luego en esa fuente.



Es de observar que la ganadería, en las condiciones que se presenta en el Río de la Plata, es un fenómeno único en todo el mundo. En ningún otro lugar, manadas innumerables de vacas, toros, yeguas, potros se extienden y multiplican libremente en los vastos pastizales desiertos, tornándose cimarronas. Este es un fenómeno característico del Plata y el que ha de determinar su historia y un singular estilo de vida.

En este entorno, el hombre se hace ecuestre, recorre fácilmente vastas extensiones, se interna en las soledades salvajes, y se dispersa por la región.

En cualquier parte a donde vaya, encuentra segura su subsistencia: no tiene más que tirar el lazo o las boleadoras, voltear una res y churrasquear. El ganado le da, asimismo, el cuero con que pueda fabricar rústicamente sus botas, su apero, su lazo, su cama y casi todo cuanto necesita en una existencia campera.

Estas condiciones darán al colono- español, mestizo o indio- entera libertad personal respecto a la sociedad, engendrando los caracteres individualistas y rebeldes del gaucho.



El Proceso de Poblamiento
Con la fundación de Santo Domingo de Soriano y las reducciones franciscanas de Víboras y Espinillo, se introducen en la Banda Oriental los primeros elementos sociales que, obrando dentro de las condiciones pecuarias del medio formaran los caracteres del futuro agregado colonial.

Siendo la población indígena de poca monta con relación a las necesidades extensivas de las reducciones, los misioneros hicieron recurrir otros elementos nuevos y sociales, provocando la inmigración de hombres libres y familias del Paraguay.

En estas reducciones comienza a operarse el mestizaje de españoles e indígenas, obligado en buena parte por la escasez de mujeres blancas.

Es en estas reducciones en donde se comienza a configurar la estancia como fenómeno industrial del propio suelo. Los colonos se extienden por los campos inmediatos, levantando sus ranchos con el material que el medio les ofrece, domando caballos, formando rodeos de ganado y aprovechando el cuero para la industria doméstica.

El poblamiento humano de la pradera fue más bien inorgánico y espontáneo lo que nos permite afirmar de alguna manera que “el ganado precedió al colono”. El colono llega a estos territorios tras las eventuales expediciones de explotación de cueros, el sebo, y más tarde la carne para el saladero.

La Banda Oriental pudo despertar la atención del Imperio en la medida en la que el territorio se desplegaba en una zona conflictiva entre los dominios de España y Portugal por sucesivos traspasos en la distribución pactada en el tratado de Tordsesillas en 1494. Fue dicha condición de frontera interimperial, móvil y acechada por indios, exploradores y aventureros la que finalmente ubicó a la Banda Oriental en los umbrales de la Historia Moderna.


El Avance Portugués y la Consolidación Española.

En tanto, las riquezas pecuarias atraen por un lado a los portugueses y por el otro a los habitantes de Buenos Aires y Santa Fe. Los portugueses avanzan arreando grandes tropas de ganado para los fundos y cuereando en gran escala. La población de Buenos Aires organiza a poco un sistema de explotación que favorece en alto grado la prosperidad de aquella colonia. A través de un permiso especial otorgado por el gobierno de Buenos Aires, partidas de peones al mando de un capataz o empresario vienen a esta Banda a faenar ganado.

La Banda Oriental resulta así para Buenos Aires una gran estancia.

Consta por los documentos conocidos, que el gobierno español de aquella ciudad se resiste a fomentar la colonización estable de este territorio y fundar poblaciones, por ser ello contrario a los intereses de los vecinos y del fisco porteño.

Pero decididos los portugueses a aprovechar para si la enorme riqueza de la estancia, se instalan, al fin, en la Colonia y emprenden la corambre a gran escala, comerciando libremente con los ingleses y holandeses atraídos por el mercado de esta América cerrada por el monopolio español.


Es entonces que el gobierno español de Buenos Aires se decide a tomar posesión permanente de esta tierra, fundando en ella poblaciones e instalando autoridades.

Los portugueses no solo invaden los dominios de España al instalarse en este territorio, sino que explotan en su beneficio y en perjuicio de la población de Buenos Aires y del Fisco español, la riqueza ganadera de la comarca.

La ambición de conquistar esta fuente de riqueza que es la ganadería cisplatina, determina la instalación de los portugueses. A la imposición política de conservar la integridad del dominio español, se une para los españoles de Buenos Aires, la necesidad de conservar esa enorme fuente de riqueza pecuaria, que es la comarca trasplatina. Portugueses y españoles se disputan esta rica estancia.

La Fundación de Montevideo. Razones que la determinan y motivos que la retardan.

Crecientes necesidades militares y repetidas órdenes llegadas desde la metrópoli, obligan al fin a Zabala a fundar una plaza fuerte en Montevideo. Así es que comienza el segundo período colonial de la Banda Oriental.

Fundada Montevideo, el núcleo colonial de Soriano decae, pasando el centro de la colonización a la ciudad del Plata.

La plaza de Montevideo es una fundación exclusivamente militar destinada a guardar la hacienda contra los avances de los portugueses situados en el puerto de la Colonia.

Encerrada entre muros y fosos, un régimen de cuartel rige la vida de los escasos pobladores traídos por la autoridad. La primera medida del gobierno de Buenos Aires es prohibir en absoluto todo comercio. Esto conviene a sus intereses. De este modo la nueva plaza está condenada a una vida de guarnición y Buenos Aires sigue usufructuando la riqueza pecuaria de este territorio.

Entretanto, el contrabando cunde por todo el territorio. Las partidas de portugueses e indígenas, arrean ganado, faenando cueros y vendiéndolos en la Colonia, en las costas o en las fronteras. Algunos españoles y criollos descendientes, se han aventurado en el interior implantando estancias, pero sin alejarse mucho de Montevideo. El contrabando es la vida normal de la campaña, la forma de comercio que la prohibición española le obliga. Para contenerlo, la autoridad de Montevideo incursiona al interior o establece puntos de guarnición militar.

Muchos milicianos españoles desertan para unirse a las partidas contrabandistas. Así se van mezclando españoles, portugueses e indígenas. En estas condiciones se empieza a formar la población rural de la Banda Oriental.



La Formación de un tipo social en la campaña: El Gaucho.

La abundancia de ganado y la ausencia de toda propiedad permiten al habitante de la Banda, en el siglo XVIII vivir sin trabajar.

La campaña es para el colono la libertad, la abundancia y la aventura, mientras la ciudad es monotonía, la sujeción y la necesidad. Así, es grande el número de españoles que desertan y se entregan a esa vida libre.

La ganadería hace al habitante del campo, nativo o colono, fuerte, ágil y osado.

De esta mezcla de indígenas, españoles y portugueses, en la existencia libre y bravía del territorio, surge el tipo nacional del gaucho.

Tiene el gaucho nacional los caracteres físicos y psíquicos de sus progenitores, en consorcio con el medio en que nace y se forma. El desierto y la soledad lo hacen taciturno y silencioso. La libertad y la abundancia lo hacen altivo, hospitalario y leal. La hostilidad permanente con la policía española y la lucha con bestias bravías, le dan coraje, audacia, desprecio de la vida propia y la ajena. Se acostumbra a morir sin pena y a matar sin asco. Del conquistador recibe el caballo y la guitarra; del indio, el poncho, la bincha, el mate y las boleadoras. Su lengua es mezcla del castellano arcaico del siglo XVI, con elementos indígenas, a los que se agregan más tarde voces portuguesas y africanas.

El gaucho ha surgido en condiciones sociales que determinan en él la ausencia de un concepto inherte a la vida civil: el concepto de propiedad. Para él, la tierra es de todos, como el aire y como la luz; y los ganados que están sobre la tierra son de todos también.

Criado en la libertad absoluta de la naturaleza, no concibe la propiedad sino como un atentado a sus fueros. La tierra es adjudicada por el gobierno a señores de la ciudad, no al gaucho. Así a medida que la propiedad privada se extiende, disminuye la propiedad común del gaucho.

No obstante, a medida que la asociación jurídica avanza y la existencia libre del gaucho se hace difícil, muchos van entrando en la vida de estancia, incorporándose a la colectividad legal.



La Edad del Cuero.


Puede decirse, sin abuso de metáfora, que la Banda Oriental tiene una breve edad del cuero De 1700 a 1800, el cuero es en efecto la materia única de toda industria. Relatos de un cronista detallan sus variadísimos usos: “Se construían casas con ellos cuando eran tan abundantes como al fundarse Montevideo. Superpuestos constituyen abrigadas techumbres, como el toldo del indio. Siendo escasos los clavos, inaudito el alambre, no sospechada la soga de cáñamo o la cuerda de lino, el cuero humedecido proporciona toda clase de cordaje, y crudo amarraduras que ni el tiempo aflojará. Las puertas y camas de cuero crudo se dejan ver todavía en la campaña”. A estos usos podemos sumar una extensa lista como sombreros, riendas, cubiertas para las carretas, la bota de potro, etc. Las dos utilidades más originales tal vez son: la pelota, para cruzar los ríos y el enchalecamiento de reos que inventa el comandante español Pacheco. Un viajero jesuita que vio en construcción la ciudad de Montevideo en 1727, nota solo 2 casas de material y cuarenta de cuero.

Tal fenómeno se explica por la superabundancia del ganado, y la facilidad de trabajo del producto: basta el cuchillo para convertir el cuero en cualquier objeto de uso; y todo colono pobre, todo gaucho, todo indio, se hace él mismo sus prendas y cacharpas. Si el cuero es la materia prima de la industria, el instrumento casi único es el cuchillo, que al mismo tiempo sirve para carnear, para comer y para pelear.

El Hombre tiene tendencia a valerse de aquello que le cuesta menos esfuerzo, y el cuero es lo que menor esfuerzo demanda en la Banda Oriental durante el siglo XVIII: no cuesta nada y sirve para todo. Después con la disminución del ganado, aumento de la población, división de la propiedad, introducción comercial, etc. el empleo del cuero se restringe, quedando, al fin, reducido casi a los usos generales en otros países.



La Colonia del Sacramento.

Hemos observado que toda la historia colonial y su posterior desarrollo, esta signada por la creación de la ganadería por iniciativa de Hernandarias. Veamos ahora explicada por tal modo la larga disputa entre portugueses y españoles en torno al primer centro de comercio fundado, el puerto y plaza fuerte de Colonia del Sacramento.

Fue la existencia de aquella riqueza ganadera lo que atrajo a los portugueses; el fin de explotarla en su beneficio, les sugirió su instalación en el puerto natural de la Colonia, estratégicamente situado frente a Buenos Aires, Capital de la Gobernación Española en el Plata.

La instalación de los portugueses despierta el celo de los españoles. Ni la autoridad de Buenos Aires ni el gobierno de la metrópoli tenían intención alguna de fundar poblaciones estables en esta “gran estancia”, cuya riqueza ganadera era aprovechada por el Fisco porteño en la pingüe forma del tributo, que pagaban las partidas de contratistas de la corambre que cruzaban el Río para faenar cantidades innumerables de reses sin dueño, en las proximidades de las costas; y así hubieran seguido las cosas, quien sabe hasta cuando, si a los portugueses no se les ocurre establecerse en la Colonia y reivindicar ante España el derecho de posesión de estas tierras. De ahí arranca el largo pleito diplomático y militar en torno a la Colonia del Sacramento que dura casi un siglo. La plaza cambia de manos 8 veces en el transcurso de esta centuria entre su fundación por Manuel de Lobo, gobernador de Río de Janeiro, y su destrucción por Cevallos, primer Virrey del Río de la Plata. Tratados de las cortes obligan a los españoles a devolver cuatro veces la plaza conquistada a los portugueses, hasta su definitivo arrasamiento.



Un cuarto de siglo permanece entonces la Colonia en manos de Portugal, convirtiéndose en una hermosa y prospera ciudad, sólidamente edificada, provista de murallas y bastiones, dotada de un excelente puerto, con más de dos mil habitantes, catedral de altas torres y un colegio jesuita. La fuente de su prosperidad fue el contrabando, y aquí tocamos el quid del asunto.

El contrabando fue la única actividad comercial verdadera en el Río de la Plata, hasta que en 1778 fue abolido el monopolio por la administración liberal de Carlos III, y establecida una relativa libertad de comercio, que permitía al menos ejercerlo con otras regiones de América, lo que ya era algo, aunque estaba lejos todavía la libertad verdadera, pues el comercio con el extranjero seguía prohibido y siendo todavía objeto de contrabandeaba. Así pues se contrabandeaba fatalmente y la practica de este trafico constante, al margen de la ley, llegó a extenderse a punto de que no era considerado ilícito, sino una especie de derecho natural, consuetudinario, en pugna con el despotismo injusto del monopolio.

La Colonia del Sacramento fue, durante un siglo, el centro y emporio del contrabando platense y la disputa por aquella plaza, fue una disputa comercial, en donde intervenían más los intereses del Monopolio que los fueros políticos de la corona. En manos de los portugueses, aquella plaza constituía un grave perjuicio para el comercio español, así de la metrópoli como de Buenos Aires misma.

La existencia de Colonia como puerto comercial, no tenía objeto dentro del sistema de monopolio y solo podía ser motivo de consecuencia ruinosa para el comercio bonaerense, como luego lo fuera el puerto de Montevideo.

Entre 1701 y 1777 la Colonia cambiará de manos constantemente, de España a Portugal y de Portugal a España. La posesión de la plaza se disputa mediante discusiones diplomáticas y tratados de cortes. El fin de este juego llega en 1777cuando Pedro Cevallos, primer virrey del Río de la Plata y capitán de una poderosa expedición militar que llega de la metrópoli, con mas de un centenar de barcos y 10.000 hombres, forma un importante despliegue y en el termino de pocos días obliga a la Colonia a rendirse. Posteriormente ocurre un hecho tremendo que solo un militar español podía llevar a cabo en aquel tiempo: Cevallos ordena arrasar la ciudad entera, como en los tiempos antiguos. Todo fue demolido e incendiado. Así terminó la historia de aquella que pudo haber llegado a ser una de las ciudades más importantes de esta parte de América.

Entre tanto Montevideo ya contaba con medio siglo de existencia. ¿Qué determinó la fundación de Montevideo, sino la rivalidad militar y económica con los portugueses? Si al gobernador de la Colonia no se le hubiese ocurrido, a fines de 1723, extender los dominios del su Corona, tomando posesión de la desierta península de Montevideo, la olvidada península hubiera permanecido desierta por largo tiempo aún, pues los españoles de Buenos Aires nada querían saber de poblar esta Banda, y menos sus puertos. El avance portugués obliga a Zabala a fortificar y guarnecer este puerto abandonado, ocupándolo de manera estable.



El Periodo de la Gobernación

La Lucha de Puertos

Destruido el enemigo que era la Colonia, se levantó en Montevideo otro enemigo del comercio porteño. La lucha de puertos en el Río de la Plata durante los últimos años del coloniaje, comienza con el desalojo de los portugueses, la instauración del virreinato, y la real cédula autorizando el libre comercio con la metrópoli y sus colonias.

La riqueza ganadera de la Banda Oriental y el rápido aumento de su población, dan importancia al puerto de Montevideo, con perjuicio del comercio y el fisco de la capital del Virreinato. El consulado porteño – autoridad judicial en materia de derecho mercantil – ni bien fue instalado como organismo colonial en 1794, su primer medida fue imponer al comercio montevideano una fuerte contribución con el fin de reunir dinero para socorrer a la Madre Patria en la guerra que por entonces sostenía con Francia. El comercio montevideano protesta contra tal arbitrio, y apoyado por el Cabildo, eleva un alegato de oposición al Consejo de Indias. Estamos aquí ante la primer manifestación de ese conflicto entre ambas ciudades rioplatenses, que se desarrollará a través de su posterior y creciente proceso histórico, siempre significado en nuevas y más concretas formas.

La Junta de Comerciantes, creada en Montevideo a raíz de esa incidencia, deja sentado que: “Ese comercio es independiente y distinto del de Buenos Aires, no pudiendo aquel Consulado imponerle medidas sin su consentimiento”.

Es el primer acto de rebelión de esta ciudad, frente al intento de las autoridades bonaerenses de anular el puerto de la Banda Oriental y tenerle supeditado a sus intereses. Tal empeño, llegó a su culminación a comienzo del siglo XIX, cuando las autoridades porteñas, tras oponerse en vano a que se erigiera el faro en el Cerro de Montevideo, dispuesto por el gobierno de Madrid, pretendió ir a la raíz del asunto, elevando a la metrópoli un solemne pedido para que se declarase como único puerto habilitado para el comercio de ultramar en el Río de la Plata, el de Ensenada, que era el de Buenos Aires, anulando así terminantemente el de Montevideo. Pero Montevideo parecía ser hija protegida por el Rey y por el Consejo de Indias, pues ambas gestiones del Consulado fueron desechadas, estableciendo la corte que, el puerto de Montevideo era, por su naturaleza y situación geográfica, mejor que el de Ensenada.

Esta rivalidad y esta lucha de intereses comerciales entre ambos puertos platenses llena todo el período de los últimos años del coloniaje platense, suscitando profundos resentimientos en el animo de las poblaciones y siendo uno de los más poderosos motivos del proceso separatista que, desde entonces, no hizo más que acentuarse hasta culminar políticamente en el concepto de autonomía provincial que es formula del Federalismo de Artigas.



La Situación de la Banda Oriental al comenzar el siglo XIX era la siguiente:



La situación de la Campaña

Las tribus de indios no reducidas viven al norte del Río Negro, internándose cada vez más en los montes del Ibicuy, del Cuareim y del Tacuarembo, desde donde incursionan con frecuencia sobre las estancias y poblados del sur y el litoral.

El gaucho forma las dos terceras partes de la población rural.

Las estancias, plantadas en el medio del desierto, consisten en algunas casas o ranchos agrupados, donde habitan hacendados, capataces y peones; y entorno a estos, aparece el corral de piedra leguas y leguas de campo abierto y sin alambrar, donde pace el ganado.

Próximos a la capital funcionan algunos establecimientos fijos de corambre, grasería y tasajo, con sus peonadas y chusma correspondiente.

No se cultiva la tierra sino en grado mínimo, para consumo (frutas, hortalizas), en las chacras del ejido de Montevideo y en algún villorrio del interior. En una pequeña zona de Canelones, colonos canarios plantan maíz.



La Vida en Montevideo

Montevideo ha aumentado su población, desde que se fundó a 15.000 habitantes. Es ahora una ciudad cerrada por fuertes murallas, defendida por bastiones y fortalezas, y en cuyo puerto – hecho apostadero de la marina militar de España - entran y salen anualmente más de 50 barcos mercantes, a pesar de las restricciones de comercio. Es la primera plaza militar de las colonias, su población se compone de españoles, hispano- criollos y negros esclavos.

Hay una minoría burguesa formada de hacendados, funcionarios y negociantes; un proletariado que ejerce comercios menudos, los oficios y las tareas rudas, artesanos y pulperos, changadores, aguateros, tamberos, carniceros, gente de pintoresca catadura, mezcla de costumbres españolas y gauchas, que vive del jornal o de la compraventa.

La última clase la componen los negros, que importados del áfrica en grandes cantidades, ejercen todas las servidumbres domesticas y los trabajos más penosos. Desde que comienza a mediados del siglo XVIII hasta el fin del siglo, el tráfico negrero va en aumento; al comenzar el siglo XIX, hay en Montevideo 1.000 negros esclavos por cada 3.000 blancos, es decir que una tercera parte de la población la forman los esclavos. Esta clase no tiene intervención alguna en la vida civil y política de la ciudad.

La mayor acumulación de bienes se hallaba en manos de los hijos de los fundadores de Montevideo, que se constituían en la aristocracia del lugar; cada uno de éstos poseía por lo menos, una casa en la ciudad, una chacra en su jurisdicción, y una o más estancias en el campo. Repartían su tiempo en los negocios públicos y en el cuidado de sus intereses, dando ejemplo de aplicación a los asuntos políticos y a los propios.

Españoles y criollos de la burguesía de Montevideo, tienen, no obstante, idénticos caracteres, hijos puros de españoles, los criollos se forman en el hogar de sus padres, con sus propias costumbres e ideas, nada les separa; los mismos son sus intereses.

Españoles y criollos de la burguesía urbana hacen causa común frente al autoritarismo de los funcionarios peninsulares.

Los criollos urbanos son los españoles de América y en poco se diferencian y divergen de los españoles de España. Juntos luchan con las invasiones inglesas, juntos provocan el Cabildo Abierto de 1808, que autonomiza a Montevideo de la Autoridad de Buenos Aires, y da el primer ejemplo de gobierno propio en Sudamérica.

Rivalidad económica entre Montevideo y Buenos Aires.

La posición geográfica de Montevideo determina, que desde los primeros tiempos, la nueva ciudad tenga tendencias crecientes hacia la autonomía. Las resistencias del gobierno de Buenos Aires a la fundación de Montevideo, se justifican desde el punto de vista de sus intereses propios.

El puerto de Montevideo preparaba la autonomía futura de este territorio, independizándolo de Buenos Aires.

Todas las provincias dependen forzosamente de la capital porteña, porque ella posee el único puerto de las provincias y la única puerta de entrada y salida. El puerto propio independiza a Montevideo y le da una categoría especial. A medida que la importancia de Buenos Aires aumenta, disminuye la influencia que sobre las provincias del norte ejerce el Perú. Cuando en 1778 el puerto de Buenos Aires es abierto al comercio restringido de las colonias, las provincias interiores tienden hacia el Plata, supeditándose a la ciudad porteña. Montevideo es la única ciudad del Virreinato que por su puerto propio, no depende de Buenos Aires.

Esta situación determina dos hechos de vital importancia: espíritu de autonomía en el cabildo y rivalidad económica con la Capital. Los intereses de ambas ciudades del Plata se oponen desde un principio.

“…desde el primer día de su instalación, el Cabildo de Montevideo comenzó por dirigirse al Rey en comunicación directa exponiéndole sus necesidades. A ello se añadió más tarde la creación de un gobierno propio, aunque dependiente del virrey de Buenos Aires, tenía facultades para obrar dentro de una esfera considerable. Fue completándose este gobierno por medio de instituciones diversas, cabildos, juntas administrativas, jueces, comisarías, comandantes militares, y delegaciones de varias clases, amalgamadas a la larga en una totalidad compacta que administraba y dirigía la colonia de su cuenta o invocaba leyes y precedentes suyos.”

La vida política de Montevideo es una permanente hostilidad entre la autoridad emanada del Virrey de Buenos Aires y los fueros del Cabildo propio. Los conflictos son frecuentes. Durante la prohibición absoluta del comercio en el Plata, hasta 1778, no hay oposición económica entre ambas ciudades. Pero no bien abiertos los puertos al intercambio de Indias, la rivalidad comercial comienza: Montevideo perjudica a Buenos Aires y Buenos Aires es una carga para Montevideo.

La importancia comercial que toma Montevideo alarma a los negociantes de Buenos Aires que no pueden competir con las ventajas naturales del puerto vecino y rival.


El Cabildo Abierto de 1808 y el principio de la Autonomía Provincial.

En 1808, en una nueva agresión de Buenos Aires al comercio de Montevideo, por el perjuicio fatal que Montevideo causa al comercio de Buenos Aires. La invasiones inglesas han dejado en la plaza de Montevideo, gran cantidad de mercaderías, que pueden venderse a precios muy bajos con relación a los precios corrientes de la mercadería española, y con las cuales se entabla un comercio activo con el interior y el litoral, extendiéndose a la Argentina. Instigado por los comerciantes de Buenos Aires, el Virrey Liniers dicta una disposición gravando con aforos a todas las mercaderías inglesas que circulan dentro de las colonias, siendo el mayor gravamen si se destinara a la exportación. Esta rivalidad económica y estas trabas puestas al desarrollo comercial de Montevideo, suscitan en ésta un fuerte espíritu de autonomía, y por consecuencia, una creciente animosidad y una tirantes de las relaciones entre ambas ciudades.

Se agrega a estos motivos, el resentimiento que causa a los montevideanos el desdén en que tienen los porteños sus esfuerzos y sacrificios durante las invasiones inglesas, atribuyendo a Buenos Aires todo el honor de las jornadas.

Tal es el estado de cosas cuando se produce la rivalidad personal entre el Virrey y el Gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío. La querella personal se hace en seguida una causa pública. Destituido el gobernador, el Cabildo montevideano se revela contra el Virrey e impone la continuación de Elío en el mando.

El cabildo abierto, después de ratificar a Elío en su puesto, instituye una junta de Gobierno, órgano nuevo del régimen colonial, que da a Montevideo una autonomía casi completa respecto del Virrey de Buenos Aires.

En consecuencia, el movimiento de 1808, ha independizado a Montevideo de la autonomía de Buenos Aires, poniéndose en relación directa con el Gobierno Central de España. Es el primer paso hacia la emancipación, y la influencia que este suceso tiene en el resto del Virreinato, hasta el Alto Perú, es trascendente.



En el movimiento autonomista de 1808, han andado juntos españoles y criollos, como hasta entonces, son comunes sus intereses. No se trata de una emancipación de España que aún no se a concretado en Sudamérica, por este entonces, sino de una emancipación provincial.

La autonomía provincial nace antes que la autonomía americana.

Conviene señalar que la campaña ha sido ajena a este hecho, que era del interés y acción exclusiva de Montevideo. Pero cuando llega la hora del levantamiento gaucho contra los españoles, acaudillado por Artigas, la tendencia autonomista de la provincia se encarna en su caudillo, que le da la fuerza de una voluntad territorial. El cabildazo montevideano de 1808, es no solo un acto precursor de la emancipación colonial: es un antecedente del federalismo artiguista.

1 comentario:

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