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La construcción en Piedra, Barro y Madera


 La arquitectura se estudia como el arte de concebir edificios duraderos, y no sólo con un fin utilitario sino también estético. Ya en el siglo I a.C. el arquitecto, ingeniero y tratadista romano Marco Vitruvio fijó las tres condiciones básicas de la arquitectura: resistencia, funcionalidad y estética.



Para construir se necesitan materiales (estos dependen de las posibilidades de extracción y transporte) y conocimientos de técnicas de colocación. Dichos materiales forman dos conjuntos: los que se trabajan a compresión (aplastamiento), como la piedra, el barro, los conglomerados y los hormigones, y los que se trabajan a flexión, como la madera o el acero. Por otra parte, el uso y la combinación de dichos grupos ha sido una constante en el desarrollo de la arquitectura. Así tenemos una evolución histórica, desde la tradicional, llamada etapa pre-industrial, hasta la más moderna, conocida como arquitectura de los nuevos materiales (hierro fundido, cristal, acero y hormigones con base en combinados de cemento).

Origenes de la Arquitectura


Los monumentos megalíticos han sido, sin duda, una de las manifestaciones del hombre prehistórico que más ha llamado la atención. Buena prueba de ello es la cantidad de leyendas populares que rodean algunas construcciones atribuidas, según los países, a gigantes, druidas, brujas o extraños. El tamaño de dichos monumentos y el significado que debieron de tener para sus constructores no pasaron inadvertidos desde la antigüedad.

En algunos casos, las grandes piedras paganas fueron cristianizadas mediante la adición de símbolos de la nueva religión. En la actualidad, el monumento de Stonehenge, en Inglaterra, sigue congregando cada año grupos de personas que pretenden resucitar antiguos ritos celtas, sin saber seguramente que dicha construcción es bastante anterior a la presencia de dicho pueblo.



Stonehenge,  Inglaterra

Naturalmente, estos monumentos llamaron también la atención de los estudiosos, y son numerosas las hipótesis que han tratado de explicar cómo y por qué aparecieron estas construcciones en la Europa prehistórica. Llamaba la atención el carácter monumental de las mismas, por lo que no se entendía que pueblos tan primitivos como los de la Europa neolítica fueran capaces por sí solos de inventar semejante arquitectura. Hubo explicaciones peregrinas, como la propuesta por Elliot Smith, a comienzos del siglo XX, que pretendía que fueron los egipcios los que en sus navegaciones llevaron los conocimientos arquitectónicos a Europa y, posteriormente, al continente americano. Por fortuna, esta hipótesis pasó sin demasiados adeptos, porque obviaba razones históricas, geográficas, tipológicas, técnicas y cronológicas que la invalidaban. Pero durante muchos años, hasta la década de 1960, ha predominado la creencia de que el megalitismo europeo es el resultado de una difusión de técnicas constructivas y creencias religiosas desde el Egeo. La razón de esta expansión se buscaba en la necesidad de metales -cobre y estaño- entre las comunidades egeas y su búsqueda en Occidente. Así llegaron al sur de la península Ibérica, donde se establecieron en colonias como Los Millares, en Almería, o Vila Nova de Sao Pedro, en la desembocadura del Tajo. Al mismo tiempo, introdujeron el ritual de enterramiento colectivo en tumbas monumentales, los tholoi, sepulcros de cámara circular con cubierta en falsa cúpula y corredor o dromos de entrada.


Desde allí, la gran arquitectura se extendería por gran parte de Europa occidental, dando lugar a diferentes tipos de construcciones que ya no se ceñían a la técnica constructiva de los tholoi. Actualmente, se sabe que algunos monumentos megalíticos occidentales son mucho más antiguos que los del Egeo; datan de comienzos del IV milenio, por lo que se les considera como una creación de las comunidades neolíticas de Europa occidental para expresar unos rituales funerarios y creencias acordes con los cambios de organización social que el trabajo de la tierra y la vida sedentaria habían generado.

La arquitectura megalítica, como su nombre indica -megas: grande, lithos: piedra-, hace referencia a construcciones de grandes bloques de piedra sin trabajar que delimitan un espacio y que originan una cubierta plana; es, pues, una arquitectura adintelada. Se distribuye por gran parte de Europa occidental: Escandinavia y norte de Europa, Francia, Islas Británicas, gran parte de la península Ibérica, Córcega y Cerdeña, y algunos ejemplares en las Baleares.

La mayoría de estas construcciones eran de uso funerario, y servían para enterramientos colectivos, es decir sucesivos, de una comunidad.
Según el tamaño y la planta, se puede hablar de diferentes tipos como:

A. Sepulcro de Corredor

Sepulcro de Corredor
 
 sepulcro de corredor (cámara poligonal y corredor de entrada)


b. galería cubierta (planta rectangular alargada sin separación de cámara y corredor, aunque sí se pueden distinguir en alzado, puesto que aquélla suele ser más alta que éste)


; dolmen o cámara sencilla (planta poligonal sin corredor destacado, a no ser a veces un pequeño vestíbulo),
y tholoi.


A partir de estas formas pueden darse enormes variaciones.
En algunos casos, y esto es característico de los territorios atlánticos, las grandes piedras estaban decoradas por su cara interna con grabados de temas abstractos, geométricos. Aunque, en la actualidad, la mayoría de estos monumentos están al descubierto y se puede ver su arquitectura, no era así en el pasado.

Efectivamente, todas las cámaras funerarias estaban cubiertas por un túmulo, de tierra o a veces de piedras, que sólo dejaba al descubierto la puerta de entrada. En Bretaña y en las Islas Británicas no es extraño que un gran túmulo cubra dos o más estructuras funerarias: Barnenez es un gran túmulo de planta rectangular que cubre nueve sepulcros de corredor.

cairn de Barnenez

Es interesante que lo que actualmente parece una arquitectura monumental, en el pasado fuera una arquitectura para no ser vista. Lo que sí destacaba en el paisaje era la enormidad del túmulo, y es evidente que la obtención de la piedra, la construcción del monumento y la cubrición con el túmulo supusieron una gran cantidad de horas y de mano de obra invertidas. Está claro que el objetivo primario de las tumbas era el de albergar los cadáveres de una comunidad, generación tras generación, manteniendo después de la muerte unos lazos de parentesco que les habían unido en vida; pero actualmente se piensa que, además, podían cumplir otros cometidos, como servir de símbolo de identificación de una sociedad o comunidad determinada y, al mismo tiempo, constatar el derecho de uso de la tierra donde se asentaron sus antepasados.




Templo de Hagar Qim
Templo de Hagar Qim en la isla de Malta.

 Este templo fue excavado por primera vez en 1839, con una datación de 3600-3200 a.C. Consiste en una sola unidad de templo, aunque no es claro si al principio fue construido con una estructura de cuatro o cinco ábsides. El patio delantero y la fachada siguen el modelo típico de los templos en la zona. Es notable por su impresionante fachada y el tallado de la entrada, así como por los enormes bloques utilizados en la construcción. Se encontraron algunas figuras femeninas en el recinto (Venus de Malta).






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